miércoles, 22 de febrero de 2012

Capítulo 42 “Las verdaderas razones”





ANTES DE COMENZAR CON EL CAPITULO QUISIERA FELICITAR A ALGUIEN MUY ESPECIAL PARA MÍ :


¡¡¡FELICIDADES ELENITA!!! 

QUE TENGAS UN CUMPLEAÑOS PRECIOSO 
MUCHOS, MUCHOS, MUCHOS BESOS DE TODAS 


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Esta dedicatoria es para alguien muy especial, alguien que está siempre en mi memoria, a la que respeto y admiro, con quien he llegado a aprender a ver las cosas, quien sin lugar a dudas vio algo en mí que aún no logro descifrar, quien sin saber quien era, ni como era, quiso entregarme un hermoso regalo. Gracias. 

… 


- Te has vuelto loco. 

- Completamente, pero la culpa solo la tienes tú. 

- ¿Crees que es necesario todo este alboroto? 

- ¿A qué llamas alboroto?. 

No dejaba de reír. En la cara de Edward todo era una tormenta de locura, una alegría que no dejaba lugar ni tan siquiera a las palabras de Bella. 

- Princesa, ya es hora. Espero que me entiendas. Quiero que todo el mundo sepa que eres mi esposa. En su momento me pareció una buena idea guardar este secreto nuestro, no estabas bien, y era mucho más importante tu salud que cualquier otra cosa. Tampoco era demasiado importante si para el resto del mundo estábamos casados o no, pero ahora. Jajajajaja. Ahora vida mía estás sana y por si eso no fuera suficiente estás embarazada, y ¿sabes quien es el padre de ese precioso bebe?. 

Definitivamente Edward se había vuelto loco, le preguntaba si sabía quien era el padre. Bella sonreía contagiada de su demencia temporal, o al menos eso esperaba, que fuera temporal. No podía por menos que mirarlo con asombro, nunca llegó a pensar que Edward reaccionara como un niño feliz. Esperaba su alegría, eso era más que evidente, pero de ahí a ver como volvía a la infancia iba una gran diferencia. 

En menos de treinta minutos había redecorado la casa, pintado una habitación primero de rosa, ante su advertencia, de amarillo, para luego volver al rosa como si no atendiera las advertencias de Bella sobre el sexo. Más tarde había comenzado a explicarle que harían una fiesta, cena en casa por supuesto, pero a lo grande, no mucho más que eso. Por el número de personas que había enumerado sería algo así como una manifestación, y cuando se lo había comentado, le dijo exactamente lo mismo...eso es nena, una manifestación de lo que te amo... 

Aunque aquello la asustaba un poco, sentía que la felicidad de Edward era lo más importante, y en el fondo se sentía orgullosa de que fuese así. Lo tenía todo. No quería pensar demasiado en su estado, sin duda alguno de los dos debería mantener la cordura, y Edward no estaba por la labor. 

Acarició su vientre suavemente, con tanta ternura, en un momento especial entre el milagro y la esperanza, mandando un mensaje interior a su bebe. (Ese que oyes cargado de risas y emoción es tu padre, no creas que está perdido, ni loco, solo está loco y perdidamente enamorado de las dos). 

Por primera vez lo pensó interiormente...las dos... 

- Ahora no es justo que te guardes tus pensamientos, es la única manera que tengo de llegar hasta ella. Me llevas ventaja nena, pero te aseguro que en cuanto esa preciosa niña vea la luz de este mundo, no habrá nada que pueda apartarme de ella. 

- Dios mio, la malcriareis entre todos. ¿Has pensado en Alice?, ¿tu padre?, ¿Emmet?, y Charli estará viajando cada vez que pueda para verla y consentirla también. 

- Creo que se te olvida hasta Lyonel. Los recuerdos que tengo de la infancia junto a él, son estupendos. 

- Bien chiquitita, ya has oído. Todos estos locos se rifaran por tí, creo que lo mejor que puedes hacer es estar con mama todo el tiempo que puedas. Cuando nazcas se acabó tu tranquilidad. 

Las risas de Edward eran la pura expresión de un hombre completamente abandonado a una suerte que parecía venirle de frente. Ahora no había miedos. Bella lo sintió más poderoso que nunca. Si él era fuerte ella lo era aún más. 

- ¿Qué estás haciendo? 

- Mandar un mensaje a Petter, después lo haré con Alice, le seguirán Emmet y tu padre. 

- ¿Crees que es la forma adecuada de que conozcan mi estado? 

- No lo sé princesa, no tengo ni la menor idea, no he sido padre jamás, pero no quiero verlos a todos morirse al mismo tiempo de felicidad. 



Bien, en fin, Edward parecía como niño ante un gran árbol de Navidad descubriendo sus regalos. Nada importaban el como o cuando, era más que obvio que cómo, ya lo había decidido Edward y el cuando, era algo que en unos meses sin lugar a dudas se notaría. 

No dudó ni un instante en dejar de pensar nada más. Se sentía extraordinariamente contagiada por la alegría de Edward, por sentirse el centro de su mundo, por ser capaz de realizar su milagro. 

Se abrazó aún más fuerte contra él. Oír el latido de su corazón era casi poder oír el de su bebe, que galopaba rápido y fuerte abriendose paso a la vida. 

_ Pídeme tres deseos, quiero ser tu genio. 

Separó su rostro para mirarlo, como ella únicamente sabía hacerlo, a sus ojos. Dicen que cuando un hombre ama a una mujer, puede ver en sus pupilas el rostro del hijo reflejado en ellas. Y Bella lo supo entonces, Edward estaba viendo a su pequeña en ellos. 

Encogido su corazón por lo que estaba viendo, llena su alma de amor por ese hombre que era todo su mundo, contestó desde lo más profundo de su ser. 

- No quiero que me hagas grandes regalos. Tampoco quiero que dejes de amarme como lo haces ahora, justo ahora. Y... prometeme que no será el único hijo que tendremos. 

Si Edward hubiera tenido que pensar tres deseos, solo tres que Bella le hubiera concedido, no hubieran sido otros. 

Se acercó a su boca para una vez más beber de ella, de la única mujer capaz de rendirlo. 

… 

- No quiero que te marches ahora, espera unos minutos, no después de esta conversación telefónica tan absurda. Dejame hablarte, dejame expresar lo que siento por tí, aunque sea demasiado pronto, aunque me sienta incluso torpe para hacerlo. 

La delicadeza y la ternura, junto a la sencillez de James eran un combinado demasiado poderoso para resistirse. 

No dijo nada con palabras, pero si se cobijó bajo su brazo. 

- Cariño, no siento nada, no he sentido nada cuando hablaba con Marlena, excepto algo que un hombre no debería sentir jamás por sí mismo, lástima. Lástima por no haber entendido antes que no era amor lo que sentía, por haber perdido demasiado tiempo enredado en sus fauces. Nada de lo que siento contigo se asemeja a lo que he sentido nunca por nadie. Es pronto y lo sé, pero me gusta todo lo que viene de tí, no me altera, ni me supera, ni tan siquiera le temo, es como si todo fuera tan natural de aceptar, que no pudiera negarme. Es la primera vez que vivo algo real sin necesidad de engañarme a mí mismo. ¿Entiendes lo que quiero decirte? 

Naturalmente que lo entendía, ¿cómo no iba a hacerlo?, ella la insignificante, la nada, estaba haciendose su espacio en el corazón de un hombre que no le ocultaba sus sentimientos, que no dudaba en decirle que llevaban poco tiempo y que aún así, esperaba lo mejor de los dos. 

- Es lo mismo que siento yo James y por eso necesito protegerlo, no quiero arriesgarme a perderlo, porque ahora mismo es todo lo que tengo de valor. 

Besó su frente, su nariz y al acercarse a su boca hablo muy despacio en ella. 

- No lo arriesgaremos ninguno de los dos. Dentro de unas horas te prometo que tendremos un lugar para nosotros donde no exista nada que nos recuerde más que lo que tu y yo somos. 

La besó despacio, necesitaba que ese beso durase, que le transmitiese la seguridad que tenía a su lado, en lo que eran, en lo que podrían llegar a ser. 

… 

- Jajajajajajaja, rápido Emmet, vamos vamos. 

- ¿Puedo saber al menos donde?, y ¿por qué tanta prisa? 

Volvió a reir a carcajadas. 

- Si te lo dijera no te haría tanta ilusión, solo puedo decirte que tengo el hermano más grande del mundo. 

- Sé lo que significa para tí, ¿pero que ha hecho ahora? 

- Lo más grande, lo mejor, lo más hermoso. Jajajajaja. 

- ¿No tengo derecho a alguna pista más?. 

- Te las he dado todas Emmet, todas, no me he guardado ninguna. 

Emmet la miraba con ojos espectantes, interrogantes y dudosos. 

- Definitivamente los hombres no entedeis de acertijos y no sois nada intuitivos. 

- ¿Tu magnífico hermano tampoco? 

- Oh sí el no tiene que pensar, el acertó completamente en la diana. 

Ahora sí, ahora Emmet la miraba con los ojos de “¿es cierto lo que estoy pensando?” 

Y Alice lo entendió a la primera. 

- Completamente y debe de estar muy muy seguro, porque conociendole si hubiera alguna duda no habría dicho nada, ni me habría mandado el mensaje de locos que me ha enviado. 

- ¿Cual ha sido el mensaje? 

Le acercó el móvil y se sentó en sus rodillas. 

- Ahora lee las cosas que escribe un hombre que ha perdido la razón. 

… “Espero que te des prisa en conocer a tu sobrina. Mantente alejado de ella, como todos los demás tendrás que reservar turnos para tenerla en brazos”... 

Las risas de ambos se unieron al mismo tiempo que se estrecharon entre sus brazos. Al fin parecía llegar algo muy diferente al miedo, la rabia y la impotencia a sus vidas. 

… 

La puerta de la casa se abrió para ellos y el recibimiento, aunque esperado por Bella, superó con creces todo lo imaginado. 

Alice bajó las escaleras a toda prisa, sin mirar por donde pisaba. Como un ángel parecía estar volando sobre el suelo. 

- Dios mío Bella, no sabes lo que has hecho en esta familia. 

Se estrelló contra su rostro, besandole toda la cara, besos sonoros y sentidos, como si fuese ella misma la portadora de su embarazo. Miró a su hermano y señalandolo con el dedo sin dejar de sonreir... 

- Creo que es demasiado tarde para preguntar cómo ha sido, no me detendré en tan pequeños detalles, pero si cuando, ¿de cuanto estás?, (no dejaba contestar). Por supuesto que a partir de ahora quiero que sepais que esa niña será mi muñeca. Lo siento, eso tendríais que haberlo pensado antes. La vestiré varias veces todos los días, la pasearé, la llevaré a parques, jardines, le compraré las más preciosas muñecas, la enseñaré a ser una princesita,si si ya sé, (miró a Edward), tú princesita, pero será un poquito mía también, ¿verdad Bella?. 

Bella miró a Edward con petición cómica de “aparta de mí a esta loca maravillosa”, y lo que se encontró fue el reflejo de Alice en la cara de Edward, algo así como “¿ves?”, todos padecemos esta locura, y lo has hecho tú”. 

Dirigió su vista hacia la puerta de entrada, la imagen de Petter, le hizo poner algo de cordura. Se dirigió hacia él con paso lento. Lo que veía en ese momento en su rostro era la tranquilidad de un hombre que había conseguido sus sueños a través de su hijo, una familia creciendo, llena de vida. 

- Has hecho que este día traiga muchos recuerdos Bella, pero solo los más hermosos. Enhorabuena hija mía. 

La estrechó entre sus brazos de una forma protectora. Pudo ver el rostro de su hijo donde encontraba todo lo que necesitó para ser, justo en ese momento, un hombre feliz. Sin lugar a dudas, ese día marcaría para él un antes y un después. No habría jamás más sentimientos encontrados, ni más disculpas en su corazón. A partir de ese instante su familia estaba allí, con él. 

Emmet esperó que finalizara aquel momento mágico. En sus pensamientos algo muy hermoso mezclado con tintes de nostalgia, se agolpaba en su pecho. 

- No puedo creer todo lo que estamos viviendo. ¿Sois conscientes de que estamos creciendo? 

Emmet no dejaba de pensar en algo más lejano. Hace poco,muy poco tiempo, Bella era aún una niña, ¿cómo?, no sabría explicar que había ocurrido para que su pequeña se hubiera convertido en una mujer, y además esperando un bebé. Sintió orgullo, y algo parecido a melancolía, si su madre pudiera verla, si supiera en la mujer extraordinaria que se había convertido. 

Bella lo miró con dulzura, sabiendo cuales eran sus pensamientos en ese momento. Y un asentimiento acompañada de una media sonrisa dibujaron su rostro, con tal felicidad, que Emmet acudió directamente a abrazarla. 

- Estoy convencido de que serás la mejor madre del mundo. Ese bebé es muy afortunado. 

Edward seguía sin perder detalle en la forma de disfrutar el gran acontecimiento. Todo lo que vivía junto a Bella era espectacular y al mismo tiempo tan real y natural, que aún era más sobrecogedor por la forma de suceder. 

Se acercó a Alice para que solo ella pudiera escucharle. 

- Alice voy a necesitarte y esta vez tendrás que poner toda tu imaginación y tu empeño a funcionar. 

- Dime por favor que es lo mismo que estoy pensando. 

- Quiero presentar a todo el mundo a Bella como mi esposa. Quiero que sepan que es mi única dueña y que ella es completamente mía. Y mucho más Alice, mucho más, ¿me sigues?. 

El rostro de Alice se encendió como una pequeña antorcha. Su día era completo. No solo Bella estaba en estado de su pequeña sobrina. Como si eso no fuera suficiente su hermano, el gran ogro Cullem, le pedía ayuda para lo que ella estaba deseando. Contuvo un poco más la respiración. Si mostraba demasiado abiertamente su felicidad, seguramente su hermano le pediría que se olvidara de lo dicho. Respiró profundamente y apeló a todo el control que pudo. 

- Será un honor Edward preparar todo lo necesario. Casi puedo verlo ya. Solo una pregunta ¿para cuando?. 

- Alice este fin de semana, ni un día más. 

No saltó sobre las puntas de sus pies porque algo llamado “urgencia”, la hizo detenerse. Sin duda alguna necesitaría no solo organizarse rápidamente, sino también ayuda. 

Edward fue en dirección a Bella. Esa noche tendrían una cita romántica ambos, la llevaría a cenar fuera, ¿y a bailar?. Se lo propondría la llevaría a todos esos lugares donde no habían tenido tiempo de ir. Luego su intimidad, los secretos de su habitación, ahora secretos para tres como le había indicado. 

La tomó de la cintura suavemente, arrastando su mano lentamente por su espalda para sentir sobre sus dedos erizarse su piel. Adora que siempre ocurriera de la misma forma, Bella era la explosión del edén en sus manos. 

… 

Bella volvió su rostro para mirarlo. Deseaba tanto estar a solas con él. Poder abrazarlo en la complicidad de los amantes. Tenía necesidad de darle las gracias por ser el amante perfecto, el esposo completo, el único hombre en su vida. 

… 

Su rostro no manifestó su desagrado al verla, sin embargo conociandola no estaba demasiado extrañado al comprobar que aún seguía en su apartamento. 

- Aun sigues aquí. Creí que había quedado claro Marlena que hoy no tenía ganas de visitas inesperadas. 

- James yo no soy una visita, no seas tan desagradable querido, solo he esperado para comprobar que seguías sin estar interesado en mi propuesta. 

Sus malas artes comenzaban a funcionar. Se dirigía hacia él contoneando sus caderas exageradamente. James sin apenas ser consciente llegó a comprobar que distintas eran Dorothy y Marlena. ¿Cómo había estado tan ciego tanto tiempo?. Sin esperar a que llegara junto a él, se separó unos pasos para quitarse el abrigo. No podía ser cierto lo que era capaz de presentir, el vestíbulo de su apartamento estaba impregnado de un aroma muy conocido por él, y que sin embargo ahora no resultaba agradable. Dejó las llaves sobre la mesa del recibidor, no sin antes seguir observando durante un tiempo la misma, indicandole a Marlena que la llave solicitadada no había sido devuelta. 

- Creo que te has olvidado de algo. 

- Pensaba dejarlas al marcharme, pero aún estoy aquí. 

- Marlena no entiendo porque te muestras tan reticente. Jamás has dejado crecer entre nosotros nada que mereciera la pena y es justo ahora cuando me niego a cumplir tus deseos cuando muestras un interés, que te aseguro, llega demasiado tarde. 

- Estás cansado de soportar mis caprichos y lo entiendo, pero eso va a cambiar James. No sé porque no he llegado a percibir antes que nos unen demasiadas cosas y que solo tú eres la solución a todo lo que necesito y no tengo. 

La miró sin dar crédito a sus palabras. En sus ojos la expresión sin vida, sin pasión. Cualquiera que sientiera el comienzo de algo hermoso y de valor estaría mas que ilusionado con ello. Pensó en el mismo, en sus deseos permanentes de estar junto a Dorothy, en compartir en cualquier lugar momentos de intimidad, en lo que le llegaba a importar cualquier pensamiento suyo, en abrazarla y besarla, aunque deseara mucho más. Cerró los ojos y pudo ver la imagen de ella mirandolo fijamente, la sinceridad que había en ella, el brillo sorprendete de su mirada, su boca deseando sin pedir nada a cambio. Lo iba ratificando con cada pensamiento, con cada minuto compartido con ella, nada de lo que había vivido podía compararse a lo que quedaba por vivir junto a ella. 

- Marlena todo lo que te une a mí y te ha unida hasta ahora es el interés de llevar a puerto todos tus fines. No me quejo, tampoco serviría de nada arrepentirse a estas alturas, pero no seré ni tu siervo, ni tu chico de los recados, ni tu amante a escondidas nunca más. Espero que no sea tan difícil de entender. 

- Está más que claro James que tanta dificultad para llegar a tí esta vestida de mujer. 

Creyó conveniente llevar la conversación hacia otros caminos, pero no lo haría, si tenía que ser sincero comenzaría en ese momento, a fin de cuentas no tenía porque saber nada de la mujer que ocupaba su corazón. 

- Y aciertas una vez más, tu instinto sigue siendo extraordinario Marlena. Hay una mujer en mi vida, alguien que creo puede hacer que ésta sea diferente. 

- Interesante respuesta James, pero no la adecuada cuando se está enamorado ¿no crees?.Tú eres demasiado pasional, al menos lo has sido siempre conmigo. Son muchas las ocasiones en las que hemos hablado de amor, mientras yo me negaba a defenderlo, tú seguías intentando convencerme de que existía. Puede que tarde o temprano te des cuenta de que todo no es ni como tú piensas ni como yo defiendo con uñas y dientes. Quizá esté en un punto medio. 

Ahora si estaba viendo su juego. Una vez más la hiena que llevaba dentro, esperaba poder aprovechar la carroña de otros. 

- No sabe lo que me complaces que pienses así Marlena. Quizá todo hubiera sido perfecto de estar en un punto medio. Pero te conozco demasiado bien. Hoy será suficiente, mañana querrás más y más, hasta que vuelvas a perder el control y el resto de los seres de este mundo seamos para tí peones de un ajedrez muy particular, al que solo jugais determinadas bestias. 

Bien, ya era más que suficiente. Esa noche no se arrastraría más, no estaba dispuesta por mucho que Esme le exigiera a dejarse la piel en seguir pidiendo disculpas ante un hombre que parecía estar totalmente satisfecho de sexo y que en lugar de lanzarse a sus brazos le daba por respuestas una negativa tras otra. 

Abrió su bolso y depositó sobre la mesa las llaves. Cedería un poco, era la mejor forma de hacer que James pensara que había ganado espacio. Lo conocía desde hacía mucho tiempo, no era la pirmera vez que tenía citas con mujeres que no acababan más que en un capricho y que a la larga lo hacían volver a ella aún con más deseos. 

Sería más interesante y mucho más productivo esta vez verlo suplicandole volvere a su lado. En realidad estaba todo saliendo mejor de lo previsto. Un alejamiento ahora, para dentro de unos días tenerlo completamente en sus manos. Solo tenía que esperar un poco, solo un poco. 

… 

La suerte estaba de su parte. Los últimos momentos que había pasado con James, habían sido los mejores de su vida, y sin embargo no había podido disfrutarlos como hubiera deseado. Cada minuto la imagen en su cabeza le mostraba a James y a Marlena juntos. No podía evitar sentir celos y al mismo tiempo angustia. Todo había ocurrido demasiado deprisa y ¿quién era ella?. Si tuviera que luchar contra su hermana por un sueño estaba convencida que perdería. 

Se sentía intranquila, no quería mostrarle a James sus sentimientos más escondidos, ni agobiarlo con pensamientos que solo la hacían parecer una niña asustada. Era consciente de que pasaría lo que tuviera que pasar, pero lo más importante ahora, es que no relacionaran a James con ella. No podía por una estupidez ponerlo en una situación comprometida. 

Recordó entonces una frase que siempre escuchaba de labios de su madre...”Todo llega cariño, y a tí también te llegará”. 

El sonido del teléfono se oía de fondo. Se apresuró hacia su bolso. Era James, ninguna otra persona tenía ese número. ¿Habría ocurrido algo?. Tan solo hacía unos 30 minutos que habían estado juntos. 

- James ¿qué sucede?. 

- Tranquila pequeña no sucede nada, al menos ya no. 

- ¿Ha pasado algo?, ¿estaba esperandote?. 

- Eso es exactamente, no se había marchado aún. 

Un silencio quedó colgado en la línea telefónica, un silencio que James no estaba dispuesto a que se convirtiera en una pesadilla. 

- Quiero que me escuches atentamente. Estoy solo ahora y aunque decirlo solo aumenta mis ganas de tí, quisiera que estuvieras conmigo. Hemos tenido una pequeña conversación, frases que han dicho demasiadas cosas de los dos, y aclarado otras. Marlena no significa nada en mi vida, porque no necesito nada, solo lo que tú puedas darme. 

Sonrió conteniendo el gemido que en su interior deseaba escapar, y tapó su boca, en un impulso de controlar incluso sus lágrimas. Nunca un hombre le había hecho una confesión así, ni sentirle especial y el conseguía hacerlo todas las veces. Quería contestarle, quería poder decir cosas que lo hicieran sentirse como ella lo hacía en esos instantes. Tenía que poder hacerlo, aunque fuera un intento. 

- James... (su voz sonó estrangulada), gracias por hacerme sentir especial. 

- Preciosa eres especial para mí. Ahora descansa y si durante la noche tienes algo de tiempo, sueña algo bonito para los dos, yo lo haré. 

Colocó el teléfono sobre su pecho, en un intento no muy claro de acallar su corazón o quizá para que James pudiera escuchar su galopar. 

- Te aseguro que conseguiré ese espacio para ambos. 

- Eso espero preciosa. No te alejes del teléfono, mañana te llamaré temprano. Buscaremos tiempo de donde sea para estar juntos cada día. No dejaré que Marlena ensucie ni menosprecie lo hermoso que hay en tí. Quiero que pienses que es mío y que lo cuidarás como yo lo haría. 

Si James seguía ella estallaraía en cualquier momento. Sentía deseos de volver a calzarse los zapatos y salir corriendo a su lado. Abrazarse y dormir toda la noche estremeciendose en su calor. No pudo contenerse, y en un impulso le dijo lo que estaba sintiendo. 

- Correría ahora mismo hasta tus brazos para volver a sentirme segura. Si no levantara sospechas mi actitud acortaría las distancias antes de tener tiempo para pensar en esta maravillosa locura. 

Pudo escuchar muchas cosas, pero las que oyó fueron las más hermosas, una verdadera señal. 

- Todo llega cariño y a nosotros también nos llegará. 

… 

Le había dicho a Bella que no tardara demasiado. Durante ese tiempo había podido reservar una mesa en un lujoso e íntimo restaurante, una cena para dos, si para dos,sonreía cada vez que lo pensaba. A esas horas de la noche su bebe debía estar más que dormido, no debería escuchar ninguna de las promesas que le haría a su madre esa noche, promesas que llevaban rondando en su cabeza desde que Bella le pronunció sus tres deseos. Nada material, solo amor, y más hijos. 

Miró su reloj, nunca entendería porque las mujeres tardaban tanto en arreglarse y mucho menos su mujer, no necesitaba nada para estar preciosa. Pero su pensamiento concluyó cuando pudo oír sus tacones bajando por la escalera. Y al alzar los ojos esa mujer que no dejaba de sorprenderlo, lo hizo una vez más. 

Dentro de un pequeñísimo vestido negro ajustado a su cuerpo como el solo tenía derecho a estar, con su pelo flojo y recogido sobre su nuca, sobre unos zapatos de tacones hechos para matar, y unas piernas que con solo mirarlas, podía sentirse enredado en ellas. 

A veces se sentía un auténtico cavernícola porque tenía deseos permanente de tomarla en brazos y llevarla a la cama hasta que ninguno de los dos pudiera levantarse durante días. 

- Si no te gusta puedo cambiarme, pero pensé que dentro de poco ya no podré vestir así. 

- Estás preciosa princesa, solo tendré que estar pendiente hasta del aire, pero nada más. 

- Soy tuya Edward, solo tuya. 

- Cuando volvamos esta noche quiero que repitas eso una y otra vez, hasta que las palabras se conviertan en un susurro y yo me coma tu boca. 

… 

Hacía tan solo unos minutos que Edward y Bella se habían marchado, y en su despacho Petter tomaba una copa, pensando en todo lo que la vida parecía darle, todo lo que le había sido negado. 

Frente a una familia que defendió a costa de perder su dignidad, ahora su hijo era feliz junto a una mujer de verdad, y comenzaban a vivir todo lo que él había anhelado. 

Ser miembro activo del futuro que vendría lo colmaba de paz interna. Era un hermoso regalo quizá producto de tantos años de desesperanza y desamor. 

En su pequeño silencio algo hizo que se sobresaltara. Era algo tarde para una llamada. Tuvo un mal presentimiento. 

Miró el número de teléfono y no le fue familiar. 

Descolgó y en un manos libres esperóa oír la voz del otro lado. 

-Buena snoches Petter, tu silencio habla por tí. 

Era ella, después de tanto tiempo nuevamente volvía para hacer una aparición estelar. 

- Desearía que siguieran siendo tranquilas. Mi silencio solo es paz. 

- Eso pensaba querido, una vida sin demasiada emoción como siempre. 

- Por lo que veo no has cambiado nada, por lo que me imagino que tu llamada solo puede ser porque necesitas algo. 

- Esta vez te equivocas y me alegra que no lo tengas todo controlado. Petter solo llamaba para anunciarte que voy a Londres en breve y que espero poder compartir con mi familia algun tiempo. 

- No pienso discutir contigo sobre el término familia. En cuanto a tus hijos creo que lo más acertado puesto que son mayores de edad es que te comuniquees con ellos. 

- ¿Y tú?, ¿Serás también difícil de convencer? 

- Creo que has llamado en un momento perfecto y eso me hace ser más condescendiente, no tendré ningún problema en que nos veamos cuando indiques. 

- Siempre tan correcto Petter, creo que esa cualidad no la admiré lo suficiente en su momento, pero ahora es algo que adoro. 

- Efectivamente siempre fui demasiado correcto, quizá fuese uno de mis peores errores. 

- No es momento para hablar del pasado sino más bien de olvidarlo, es lo que deseo, todos nos equivocamos entonces. 

Era demasiado conciente que en ese “todos” ella no se incluía, demasiado orgullosa, completamente narcisista y ahora podía comprobar que además enferma. Sus miserías no habían desaparecido por mucho que quisiera disfrazarlas. ¿Cómo pudo estar enamorado de ella tanto tiempo?. Fríamente y alejando todo lo que podía los recuerdos, solo tenía claro que jamás volvería a cometer el mismo error. 

- Como siempre tus silencios me espantan, demasiado control sobre tu vida, debería haber cambiado con la edad, y ser algo más natural, más suelto y divertido. 

- Definitivamente la misma mujer que se marchó un día, y que vuelve cada vez que le interesa algo de esta familia, sigue insistiendo en explicar como deberían vivir los demás. Eso si me resulta divertido. No puedo perder más tiempo, no quisiera ser grosero. Puedes llamarme cuando llegues a Londres y acordaremos encontrarnos. El pasado quiero que sepas que para mí queda muy lejos. No hay ningún problema. 

- Me agrada saberlo querido, y así lo haré, te avisaré cuando esté disponible. 

La línea telefónica se cortó, pero las últimas palabras siguieron golpeandolo “te avisaré cuando esté disponible”. ¿Cuando no había sido así?. 

De momento no le diría nada a Edward, no quería que su felicidad se viera empañada por nada. Primero comprobaría qué pretendía y por qué había vuelto. 

… 

Había comprobado que el equipo de seguridad había permanecido vigilante toda la noche. Aunque a una distancia que Bella no los había observado,Edward estaba satisfecho con el trabajo que estaban realizando. Eso le ofrecía la garantía necesaria para saber que Bella siempre estaba protegida. 

A partir de ese momento le daría algo más de libertad y al mismo tiempo disfrutarían ambos de una vida en pareja como la que soñaba con poder ofrecerle. No bajaría la guardia ni un solo milímetro, pero no se privaría de vivir con su esposa los momentos que ambos se merecían. 

La mano de Bella se apretaba contra la suya al mismo tiempo que su cuerpo buscaba su calor en una noche que había comenzado cálida y que se presentaba fría. Su rostro estaba feliz y curioso por saber donde se dirigían. Todo la había sorprendido, el lugar de la cena, los alimentos servidos, la música y ahora esperaba sorprenderla igualmente. Había elegido para esa noche una suite en uno de los mejores hoteles de Londres. Necesitaba algo íntimo para demostrarle a Bella que podía ser el mejor amante y también el seductor más completo. Quería demostrarle como baila un hombre con su mujer, como sienten las música dos amantes cuyos cuerpos son uno, como podía mirarla a los ojos y hacerle el amor solo con palabras. La noche podía ser muy larga y a toda costa esa sería en la que los gemidos de su mujer no tendrían que ser silenciados. 

- ¿Donde me llevas? 

- No seas tan curiosa nena. 

- Solo dame una pista, por favor, por favor. 

- Bueno podría decirse que vamos a bailar, pero te aseguro que será mucho más. 

- ¿En serio?, me llavas a bailar, jajajajaja, ésto si que lo hará una noche especial. 

- Solo si me prometes que no estás cansada. 

- ¿Cansada?, Edward soy muy joven, no estoy enferma solo embarazada, lo que me hace la mujer más feliz del mundo, mi marido me trata como a una reina aunque me llama princesa, mis pies son alas cariño, no existe cansancio ahora ni nunca. 

- No hace falta que me recuerdes que eres muy joven. 

- Oh callate viejo. 

- Jajajajaja, ya te diré luego lo viejo que estoy, aunque quizá no tengas mucho que esperar. 

La dejó pensativa, ¿y si Edward era un experto bailarin?, no podía ser. No daba crédito a su seguridad, era como un niño, aunque durante todo el día había estado igual. 

Antes de levantar la vista se vio en el centro de un vestíbulo delicadamente iluminado, con suelos de madera y paredes de cristal. Una pareja se acercó hacia ellos indicandoles a ambos el ascensor. Mientras que el hombre no muy mayor le indicaba la planta y el número de la reserva. 

Dentro del ascensor su corazón latía con fuerza, no sería tan niña de preguntar otra vez. Edward quería sorprenderla y sin duda alguna lo estaba consiguiendo. 

El ascensor abrió sus puertas directamente dentro de la suite, y ante ella un despliegue de belleza y confort se dejaba ver por sus ojos asombrados. 

Edward ensimismado en sus reacciones, ávido por complacerla, por saber que todo lo que veía era de su agrado, se adelantó para ir mostrandole cada rincón. 

La estancia se encontraba rodeaba de una preciosa terraza con una vistas espectaculares. Le extendió para llevarla hacia ella y así poder ver su rostro entre las sombras, iluminado tan solo por las luces del exterior. 

- No hubiera podido imaginarme todo ésto ni en mil años. 

- Quiero llevarte a todas partes antes de que nuestro bebe sea demasiado exigente. 

- Y ahora puedo preguntar ¿qué relación existe con bailar?, me has engañado, jajajaja. 

Gesticuló en negativa con su cabeza. 

- Te he dicho que bailaremos pero también que habrá mucho más. Voy a rendirte, vas a rendirme, y vamos a hacerlo solos princesa. Voy a escuchar tus gemidos sin miedo a que al día siguiente sientas vergüenza, sin tener que ahogarlos en mi boca. No quiero que te sientas intimidada, no es tu regalo, es nuestro regalo nena. 

Tomó un pequeño mando entre sus manos y seleccionó una música lenta, muy lenta.Todo perfecto. 

Pero Bella no veía la perfección, daba igual donde la hubiera llevado, cualquier lugar junto a Edward le hubiera parecido el paraíso. Se dirigió hacia sus brazos y ocultó su rostro en el hueco de su cuello, besandolo despacio, besos cortos y certeros, bajo su mandíbula, en el lóbulo de su oreja, bajando despacio por su cuello rozando sus labios por su barba reciente. 

Sería muy difícil soportar sus caricias, y sus besos. Sentía los brazos de Bella rodear su espalda, y sus manos masajear su espalda. Su pequeña cintura perdida entre sus manos, que buscaban la redondez de sus nalgas y sus caderas. Ese traje descarado que tantas veces le había mostrado la desnudez de su espalda, cuyos hombros caídos le habían tentado durante la cena, habían sido el decorado más hermoso. Y sus piernas alineadas, cruzadas, la forma de quitarse los tacones bajo la mesa, apoyando las puntas de sus dedos sobre el suelo. Apenas podía recordar que había comido, pero no había perdido detalle de la boca de Bella saboreandolo todo. Estar enamorado era como estar perdido y encontrarse, ser valiente y cobarde, vencedor y vencido. 

- Necesito embriagarme de tí cada día, sentirse así de cerca, recordar que mis brazos son tu refugio. Besarte lento y seguido, a mi antojo, hacerte mía de cualquier forma, y ver en tu cara que sigues deseandome. 

- Me gustan estos bailes en los que te oigo y me oyes (tocó su corazón), en los que te tengo y me tienes, en los que no tengo que esconder mis caricias de los ojos de curiosos. 

Soltó su pelo dejando que su melena tapara su espalda para seguidamente errollar sus dedos en él. Buscó su boca pintada de rojo cereza. 

- Los besos de esta noche serán solo míos. Te vendaré los ojos, solo míos princesa. 

Llevó las manos hasta el largo del vestido y deslizó el mismo hacia su cabeza. Un cuerpo de delirio, pecado y sueño apareció ante él sirvengUenza e insolente. Sus pechos libres y su pubis tapado exclusivamente por una culottes negras transparentes. 

- Yo también quería sorprenderte. 

- No hay mejores vistas que las que veo en tí cada vez que te miro. 

- Acariciame cariño, acariciame. 

Bella pidiendo caricias era aún mejor de lo que había imaginado, su boca dandole voz a sus deseos era una completa locura. 

Rozó sus pezones con sus dedos, la respuesta inmediata. Sonrisas en sus labios ante su reacción. Completamente receptiva y entregada, la noche sería de miel y estaba dispuesto a lamerla por completo. 

De rodillas delante de su pubis su legua buscando, oliendo y lamiendo todo a su alcance, agarrado a las piernas de Bella, temblando de placer, y sintiendo sus manos sobre su cabello, acercandolo más aún. Descontrolada, perdida en sus caricias. 

Subió hasta su altura para comenzar a desnudarse deprisa y las manos de Bella lo detuvieron. 

- Dejame hacerlo a mí. 

Sus ojos de fuego, su pelo revuelto, sus labios húmedos y su boca seguía pidiendo. 

Sintío el roce delicado de las manos de su esposa bajar sus pantalones, llevarlos hasta el suelo, subir nuevamente hasta su camisa y retirarla muy lentamente por sus hombros. Bella llevo los dientes a sus boxer y fue tirando de ellos sin dejar de mirarlo. 

La imágen era perfecta, una diosa de lujuría recorriendo con su lengua sus piernas, sus muslos, y casi al instante de cerrar los ojos, su lengua en sus nalgas, en su espalda. Su polla latiendo y ella atendiendo todas y cada una de las partes de su cuerpo, quemandolo. 

- Nena por favor no pares, sigue vida mía. 

Bella besó y lamió sus hombros abriendo la boca de labios gruesos para chupar al mismo tiempo, bajó por sus brazos hasta sus manos, introduciendo uno a uno los dedos en su boca, lento muy lento, sin desviar su vista del rostro de Edward. 

El siempre le daba lo que necesitaba para ser quien deseaba ser, su mujer. Todas las mujeres que él deseaba. 

Separo su cara de Edward unos centímertros, abrió su boca, engullendo por completo su polla, haciendola desaparecer delante de un dios más que destruído. 

Las manos de Edward enmarcaron su cara siguiendo los movimientos lentos primero, regulares, rápidos e irregulares, para volver a los lentos. Pretendía volverlo loco, hacerle perder el control y lo estaba consiguiendo. 

- Nena por dios, que me estás haciendo. Sigue princesa. 

En los pensamientos de Bella un único fin, devorarlo. 

Con una destreza exquisita, acercando completamente el cuerpo de Edward a su boca, no hubo pausa ni tregua, ni cambios de ritmo... 

El camino de lo definitivo llegando a la cúspide y la explosión final en su boca. 

Quieto, duro y estático, inamovible, ahogando un rugido de hombre y bestia. 

Bella subió hasta su pecho para oír los latidos de su corazón a galope, salvaje, un ruído tan hermoso como el de su bebe. 

- Nena, nena mi amor. 

Casi sin recuperar el aliento besó su boca de forma fiera, esa noche no habría controles, no podría y lo sabía. 

- Necesito que me avises si soy demasiado brusco, no podría soportar hacerte daño, ¿me oyes princesa?. 

Entre besos descontrolados la respuesta. 

- No pares Edward, te necesito. 

Ya había olvidado cuantas veces soñó con esas pequeñas peticiones, su Bella, la entregada, la persuasiva, su niña y su angelical princesa, la descontrolada inexperta, no tenía ni idea de lo que conseguía exigiendo y pidiendo por sus caricias. 

Sus dedos dentro de su coño se empaparon de su deseo, rápido, mirando sus movimientos de cadera, sus piernas prietas y tensas, sus pies aferrados al suelo. La vio abrirlas y subir una de ellas a su cadera, lo estaba matando. Sus gemidos en su oído. Con su voz desvirtuada, su respiración desbocada. 

- Edward no puedo pararlo, cariño está aquí. 

Y él lo sabía, conocía cada rincón de su cuerpo igual que cada parte de su alma. La sintió estrechar con su vagina sus dedos y ya no hubo más espera. Dejó caer su cuerpo contra el de Edward buscando su apoyo al mismo tiempo que oía su voz. 

- Eres lo más hermoso que he visto nunca. 

La tomó en brazos para reposar juntos, esperando tan solo que llegara la calma para iniciar nuevamente los juegos. 

Las verdaderas razones para ser inmensamente feliz las tenía junto a él, su esposa, su único amor y su bebe, todo entre sus brazos. 

4 comentarios:

  1. wow!! me ha encantado ani! como siempre!! me alegro que bella y edward esten tan bien y tan felices!! y me encanta que alice sea tan inquieta!! y james y dorothy me encantan! y quiero que marlena sufra por todo lo que hace!! estoy deseando leer el siguiente capitulooo!
    me ha gustado mucho que me hayas dedicado el capitulo! muchas gracias!!!
    un besitooooo :)

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  2. Ani genial, grandiosa este capitúlo ha estado candente, que hermoso como Edward esta tan feliz por la llegada de su Bebe, os amo. Ojala Peter pusiera en su lugar a Esme, que lo respete y sepa ella que el ya no es el mismo de antes. Marlena debe pagar por lo que le ha hecho a su hermana y a Bella.
    Besos Nena

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  3. me encanto este CAP llore con el me senti tan feliz por ellos que no se como explicarlo de verdad me encanta!!!!!!

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  4. Hola Anitina!!! una amiga me recomendo tu fic hace tiempo y debo decirte que me encanta como escribes. Es genial que vallan a tener un bebe y espero que no hagas mucho drama con lo de Marlena y Esme, realmente no me gusta mucho leer capitulos donde peleen o halla mucho drama jajaja. Si el bebe es una niña debo decirte que me encanta el nombre de Bianca, es un nombre monisimo jajajaja, no es por presumir ni nada. Sigue escribiendo y publicando esta historia maravillosa. Muchos besitos desde Barcelona.

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